Enero, febrero???
Toma su teléfono, se sentó a la mesa y se puso a escribir.
Usa la conversación que tenía con ella para escribir. Ella lo bloqueó desde el día de Navidad y, a punto de terminar febrero, solo él puede ver esos mensajes.
Le ha escrito poemas, unos largos y otros muy breves.
Llenos de arrepentimiento, de enojo, de confusión.
Usa el espacio de una manera extraña. Escribe como si le fuera a leer un jurado, pero muchas veces solo él lo ve y no tiene valor de releer lo escrito.
En su cabeza, las palabras tienen ritmo, intención, sentido.
Sentimientos.
Se hartó de ser tan cínico o quizás solo está cansado.
Todos le dicen que lo mejor que ha hecho nunca es haber cortado el contacto con ella. Él asiente y, a veces con seguridad, piensa que es cierto, que está atorado en una no-relación con alguien que no siente lo mismo. Que está dejando pasar los días de su vida, extrañando el amor de alguien que solo existe en su cabeza y le puso un cuerpo que no quiere estar más cerca de él. Ni siquiera de manera virtual.
Él cree que hay razón.
Lógica.
…
Y llora cuando nadie lo ve.
Al oír música,
al ver televisión,
camino a casa, en el metro.
Llora sin lágrimas en medio de miles.
Llora en silencio, solo.
La extraña.
Extraña saber todas esas cosas que son baladí si no fuera ella.
Muere al ver que no puede llamarle o enviarle un mensaje.
Muere al imaginarse plantado frente a su puerta, rogando por verla una vez más.
Y él sabe que esto que está pasando no califica de "drama épico".
Simplemente no supo cerrar un ciclo hace quince años y la ha mantenido ahí. Cerca-lejos.
Sin verla,
sin abrazarla,
sin besarla.
A la distancia de un mensaje,
a la lejanía de prometerle una vida funcional en común.
—
Él sabe muchas cosas.
Es un triste sin mucha conciencia, pero sabe lo que hay que saber.
E ignora todo.
Se sienta encorvado y no puede mantener las lágrimas contenidas en los ojos. Está feliz de pensar en ella todos los días. En estos tiempos que es tan fácil olvidar.
Él recuerda.
Y teje un hilo cada vez más grueso de recuerdos de todo tipo:
su risa,
su voz,
el color de sus labios,
el sabor de sus besos,
la discusión estúpida por una palabra mal escrita.
Recuerda la maldad que los rodeó,
los momentos en que fueron ambos el juguete del capricho de alguien que no se imaginaba lo que haría su codicia.
Se yergue y mira a su alrededor. Todo está gris y apagado.
Toma la gruesa y larga cuerda que ha tejido a lo largo de los años.
No hay sentimientos de logro. Es la acumulación de cosas sin nombre.
Deja el teléfono sobre la mesa y no se decide a enviarlo.
Sabe que, de cualquier manera, no pasará nada.
Usa la conversación que tenía con ella para escribir. Ella lo bloqueó desde el día de Navidad y, a punto de terminar febrero, solo él puede ver esos mensajes.
Le ha escrito poemas, unos largos y otros muy breves.
Llenos de arrepentimiento, de enojo, de confusión.
Usa el espacio de una manera extraña. Escribe como si le fuera a leer un jurado, pero muchas veces solo él lo ve y no tiene valor de releer lo escrito.
En su cabeza, las palabras tienen ritmo, intención, sentido.
Sentimientos.
Se hartó de ser tan cínico o quizás solo está cansado.
Todos le dicen que lo mejor que ha hecho nunca es haber cortado el contacto con ella. Él asiente y, a veces con seguridad, piensa que es cierto, que está atorado en una no-relación con alguien que no siente lo mismo. Que está dejando pasar los días de su vida, extrañando el amor de alguien que solo existe en su cabeza y le puso un cuerpo que no quiere estar más cerca de él. Ni siquiera de manera virtual.
Él cree que hay razón.
Lógica.
…
Y llora cuando nadie lo ve.
Al oír música,
al ver televisión,
camino a casa, en el metro.
Llora sin lágrimas en medio de miles.
Llora en silencio, solo.
La extraña.
Extraña saber todas esas cosas que son baladí si no fuera ella.
Muere al ver que no puede llamarle o enviarle un mensaje.
Muere al imaginarse plantado frente a su puerta, rogando por verla una vez más.
Y él sabe que esto que está pasando no califica de "drama épico".
Simplemente no supo cerrar un ciclo hace quince años y la ha mantenido ahí. Cerca-lejos.
Sin verla,
sin abrazarla,
sin besarla.
A la distancia de un mensaje,
a la lejanía de prometerle una vida funcional en común.
—
Él sabe muchas cosas.
Es un triste sin mucha conciencia, pero sabe lo que hay que saber.
E ignora todo.
Se sienta encorvado y no puede mantener las lágrimas contenidas en los ojos. Está feliz de pensar en ella todos los días. En estos tiempos que es tan fácil olvidar.
Él recuerda.
Y teje un hilo cada vez más grueso de recuerdos de todo tipo:
su risa,
su voz,
el color de sus labios,
el sabor de sus besos,
la discusión estúpida por una palabra mal escrita.
Recuerda la maldad que los rodeó,
los momentos en que fueron ambos el juguete del capricho de alguien que no se imaginaba lo que haría su codicia.
Se yergue y mira a su alrededor. Todo está gris y apagado.
Toma la gruesa y larga cuerda que ha tejido a lo largo de los años.
No hay sentimientos de logro. Es la acumulación de cosas sin nombre.
Deja el teléfono sobre la mesa y no se decide a enviarlo.
Sabe que, de cualquier manera, no pasará nada.
