Enero, Julio hoy no llueve
He cambiado.
Quizás en mi propia carne es difícil notarlo, ver lo que está y lo que no, pero puedo decir que perdí la urgencia.
Y esto porque, de manera constante, sin dudarlo, me han dejado atrás.
La juiciosa manipuladora,
la resentida caprichosa,
y la peor de todas,
la inconstante ególatra de ojos hermosos y lengua afilada.
Me dejaron.
Como algo que estará ahí cuando vuelvan.
Un trapo sucio.
Una nota al reverso de un cartón.
Eso soy para esas tres.
Y yo siempre ahí.
Jugaba. Juego. Jugué. mi papel de personaje de relleno.
Me gustaría victimizarme, pero yo también usé y boté.
No con el descuido de ellas,
ni con esa soberbia.
No, para nada.
Yo huí.
A la maravillosa soledad y mis cuatro paredes.
A mi lugar.
Aquí nada cambia.
Con el tiempo, las puertas se sellan y las ventanas se oscurecen.
Ansié la presencia, de esas tres figuras terribles e imposibles,
pero tarde comprendí que solo estoy solo porque solo estoy.
O algo así.
Algún día, entre hoy y una preguntita ociosa, me importarán los acentos.
