Enero-gosto a finales
Ese día caminaba por en medio de la calle,
esquivando autos,
con una prisa artificial en mis pasos,
sin mirar a nadie.
Llovió temprano y las bancas, empapadas y vacías.
La chica delgadita de lentes gigantes me toma del brazo
y, sin saberlo, me estaría anunciando:
que un rayo me partiría la cabeza,
que no volvería a dormir en paz,
que me enamoraría de la manera más absoluta.
Te vi y casi no pude hablar
cuando volteaste y saludaste con un hermoso "hola" al escuchar tu nombre.
No es mentira:
el tiempo se detiene y cada movimiento es lanzado al espacio.
Una vez podría capturarte
y solo sería en el cuerpo de bronce de una cámara Minolta de mi edad.
El timer de exposición: 150 segundos.
La impresión sería permanente.
Mi corazón roto seguiría roto.
Los rollos vacíos y el papel quedará velado.
No puedo ir a ti más que en blanco y negro y poesía sin rimas.
La chica de lentes gigantes no volvió a hacer magia. Me dejó solo,
deteniendo el tiempo con arte.
Tú huyendo en mi realidad.
