Enero septiembre primero 16
Tres minutos.
…
Te estirabas de forma golosa
mientras yo me lavaba la cara.
Volteé a verte desde el lavamanos.
Acostada boca abajo,
cruzada en diagonal sobre la cama,
desnuda de la cintura hacia abajo
y el sweater torcido.
Tomé un cigarro, lo encendí con calma.
Caminé a la cama,
te incorporaste con agilidad y te sentaste.
Lo puse entre los dedos.
Una calada.
Dos caladas.
El humo en mi cara.
Lo tomé,
lo terminé sin ceremonias
y lo apagué en un cenicero barato de cristal.
De pronto oscureció.
Las luces de la calle se encendieron
y tu sombra cambió de lugar.
“Me duele algo aquí”,
te señalabas la cadera.
Me di la vuelta,
veía la noche
y me dije con la mano derecha en el pecho:
“Me dueles algo aquí”.
